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Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, infalible, inerrante, inspirada, y única fuente de autoridad en materia de fe y práctica del creyente. Utilizamos el canon de 66 libros, de los cuales 39 forman el Antiguo Testamento y 27 el Nuevo Testamento.

Creemos que el Dios de la Escritura es Trino: un solo Dios que existe eternamente en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Creemos que el Padre, hacedor de todas las cosas, nos amó y nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo. Creemos que es Santo, Justo, Misericordioso, Bueno, Soberano, y su ira se manifiesta contra el pecado, y contra el pecador no arrepentido.

Creemos que el Hijo se encarnó por amor, nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo. Creemos que vivió una vida perfecta y murió en la cruz, resucitando al tercer día. Con su vida, muerte y resurrección, sustituyó a todos los que creen en Él, y los salvó de sus pecados. Creemos que ascendió a los cielos en un cuerpo glorificado, y hoy se encuentra a la diestra de Dios como nuestro intercesor, Sumo Sacerdote y abogado.

Creemos que el Espíritu es la tercera persona de Dios. Creemos en la obra regeneradora del Espíritu Santo, que trae vida al hombre, cuando estaba muerto en sus delitos y pecados a raíz de la caída (en Edén). Por medio del nuevo nacimiento, el Espíritu capacita al hombre para arrepentirse y tener fe en el evangelio. También ilumina al creyente para que entienda las Escrituras, y reparte dones soberanamente.

Creemos en la llenura del Espíritu Santo, con manifestaciones gloriosas como hablar en otras lenguas, denuedo y poder para predicar y ministrar, milagros y sanidades, pero sobre todo el fruto del Espíritu. Tenemos mucho cuidado de no caer en los abusos llamados «neo-pentecostalismo» tales como caer al suelo, gritar en desorden, profetizar cosas que no están en la Palabra, declarar y decretar porque creemos que solo Dios es Soberano.

Creemos en la oración: Dios escucha a sus hijos que se acercan y le claman en el Nombre de Jesús. Creemos que somos salvos solamente por gracia, por medio de la fe. Pero también creemos que la fe sin obras es muerta, por lo que afirmamos que un creyente que ha sido justificado, será santificado gradualmente por el Espíritu. Su vida será formada a imagen de Cristo, poco a poco.

Creemos que Dios permite pruebas y dolor a sus hijos con el propósito de refinar y probar su fe, pero al final todo obran para nuestro bien y para que se cumplan sus planes perfectos. Confiamos y descansamos en su sabiduría.

Creemos en el perdón de pecados y la restauración por medio del arrepentimiento y la confesión a Dios. Si un creyente peca, alcanza misericordia al confesar su pecado con humildad y debe ser restaurado. La iglesia local con sus autoridades son los encargados de cuidar, pastorear y disciplinar a las ovejas. Todos los creyentes nos podemos amonestar en amor, unos a otros conforme a la Palabra.

Creemos en la predestinación bíblica: que Dios ha escogido en Cristo, desde antes de la fundación del mundo, a quienes creerían en su amado Hijo. Sin embargo creemos que debemos predicar «a toda criatura» y dejar el resultado de la conversión a Dios. No debemos desechar a nadie.

Creemos que, cuando Dios salva a alguien y le hace nacer de nuevo, no permitirá que se pierda o que se aparte, sino que le dará el don de perseverar en Cristo. Si alguno se pierde, es porque no había en él una verdadera conversión.

Creemos que Cristo vendrá nuevamente por su iglesia en su segunda venida, y seremos llevados con él para siempre, y Él juzgará al mundo incrédulo, en una eternidad fuera de su presencia, en el infierno.

Creemos que vivimos y existimos para adorar a Dios, glorificarle y disfrutar de Él por siempre. Hacemos esto amándolo y obedeciendo sus mandamientos. Nuestra obediencia no es la causa de la salvación, sino la consecuencia de ella.

Creemos que el cristiano debe dar fruto para gloria y honra de Dios, haciendo discípulos mediante la fiel predicación del evangelio. Dios nos ha enviado a proclamar las buenas nuevas de salvación por medio de Cristo, y si permanecemos en Él llevaremos mucho fruto.

Creemos en la práctica de los sacramentos ordenados por Jesucristo: el Bautismo en Agua como señal del nuevo pacto, y la Santa Cena en memoria del sacrificio del Señor.

Creemos que el cristiano debe congregarse con regularidad, con el fin de ser fortalecido, exhortado, animado y alimentado con la Palabra, y para ejercer sus dones para edificación del cuerpo de Cristo.